La seguridad sigue siendo un pendiente en la Sierra Tarahumara, a tres meses del asesinato de cuatro personas en la comunidad de Cerocahui en el municipio de Urique, el reacomodo de grupos criminales ha concluido, ya volvieron a patrullar en las calles de los poblados, sin que al momento exista una verdadera estrategia para la pacificación de la zona.
El presbítero Héctor Fernando Martínez Espinosa, vicario de la Diócesis de la Tarahumara, señaló que ya se prepara la tercera reunión con las autoridades gubernamentales para dar seguimiento a la agenda que se planteó para atender la problemática que se vive en la Sierra Tarahumara, que incluye temas de educación, reconstrucción de tejido social, impulso a la organización comunitaria y atención a las necesidades básicas.
Uno de los puntos neurales es la seguridad, por lo que externó su preocupación por que no existe una estrategia de seguridad para la población, tanto la Compañía de Jesús en México como la Diócesis de la Tarahumara coinciden en que las autoridades de gobierno no han podido establecer una estrategia clara y los grupos de criminales volvieron a controlar la zona, a la vez que tampoco han podido detener al ejecutor del crimen, presuntamente identificado como José Noriel Portillo Gil “El Chueco”.
“Se empieza a convertir en una figura legendaria en el sentido de que se le ha visto por la zona y empieza a ver en espacios públicos. Sigue estando presente, de alguna manera, es cierto y la gente siente mucho temor”, comentó el vicario.
El poblado de Cerocahui está blindado, pero eso se debe a la focalización de la atención tras el homicidio de los dos sacerdotes jesuitas, del beisbolista y del promotor de turismo, pero no significa que en toda la sierra se tenga presencia permanente y efectiva de las fuerzas de seguridad.
Al momento se ha detectado que la presencia de los grupos criminales sí es permanente, su actuar se ha vuelto más sutil y no tan descarado como antes que hasta retenes instalaban en las vías de comunicación.
Esta situación responde más al reacomodo de los grupos, que a una estrategia real de Gobierno del Estado, considera el presbítero, quien se pronunció para que la estrategia de seguridad en la medida de lo posible se dé a conocer.
En el municipio de Bocoyna, desde hace cuatro años no se cuenta con Policía Municipal, la Policía Estatal realiza rondines, bastante ineficaces. El rondín es llegar, dar vuelta y se van.
Ante ello la ciudadanía se ha pronunciado por que se instale un destacamento, donde se despliegue un operativo real de seguridad, combate y preservación de la paz. “La presencia no es eficaz, es necesario que se note la presencia del Estado”.
El tema pendiente es la seguridad, porque la gente no quiere volver a sentir el control de los criminales en la calle, pero el reacomodo de los grupos ha culminado y vuelven a sembrar el terror.
De la misma manera que se abran los Comités Pro Obras para que los habitantes de la zona de manera abierta y pública puedan participar a la vez que el Estado realice la fiscalización, para que las necesidades de la comunidad puedan ir resolviéndose.
El presbítero mencionó que la labor de los comités se encuentra suspendida debido al control por la venta de cerveza, otros porque por miedo y por cuestiones de seguridad decidieron retirarse.
“A tres meses, no hay cosas puntuales de lo que se estableció, por lo que no se puede hacer una evaluación del actuar del estado, no ha sido suficiente para la reconstrucción del tejido social.





