La entidad se mantiene entre las cinco con mayor número de casos; especialistas destacan la importancia de la detección oportuna y los hábitos saludables.
Chihuahua se mantiene entre las cinco entidades con mayor número de casos registrados de cáncer maligno de mama en México. Durante los primeros nueve meses de 2026 se contabilizaron mil 489 casos en el estado, de acuerdo con información preliminar del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica.
Del total de casos registrados entre enero y septiembre, mil 474 corresponden a mujeres, lo que representa casi el 99 por ciento, mientras que 15 casos fueron identificados en hombres, equivalente aproximadamente al uno por ciento.
La cifra se mantiene relativamente estable respecto a los mismos periodos de años anteriores. En 2025 se contabilizaron mil 476 casos entre hombres y mujeres, mientras que en 2024 fueron mil 469.
A nivel nacional, Jalisco encabeza los registros con 3 mil 066 casos, seguido de la Ciudad de México, con 2 mil 149, y el Estado de México, con mil 841. Chihuahua se encuentra entre las entidades con mayor número de casos reportados, junto con Nuevo León. En contraste, Tlaxcala registra 80 casos, Durango 114, Nayarit 123, Hidalgo 171 y Baja California Sur 172.
No se puede prevenir, pero sí reducir el riesgo
La doctora Gabriela Torres, investigadora en enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus y cáncer del Instituto de Salud Pública, explicó que el cáncer de mama no puede evitarse por completo, aunque existen factores modificables que pueden disminuir la probabilidad de desarrollarlo.
Entre las recomendaciones se encuentran realizar actividad física de manera regular, mantener una alimentación saludable basada principalmente en verduras, frutas, granos, frijoles y lentejas, así como evitar el consumo de alcohol y tabaco.
La especialista señaló que estudios realizados en mujeres mexicanas han encontrado una reducción importante del riesgo entre quienes mantienen hábitos saludables, particularmente en mujeres posmenopáusicas.
También destacó el papel de la lactancia materna, que puede contribuir a disminuir el riesgo de cáncer de mama y, al mismo tiempo, aporta beneficios para la salud del bebé.
Torres explicó que algunos casos pueden estar relacionados con factores genéticos. Por ello, cuando una mujer tiene antecedentes familiares de cáncer de mama, especialmente si su madre o hermana desarrolló la enfermedad a una edad temprana, aumenta la importancia de una valoración especializada.
Asimismo, cuando el cáncer aparece en mujeres jóvenes, por ejemplo alrededor de los 28 o 30 años, los especialistas deben considerar la posibilidad de una alteración genética y valorar a sus familiares.
La especialista señaló que el cáncer de mama puede ser curable, particularmente cuando se detecta en etapas tempranas y se garantiza un diagnóstico y tratamiento oportunos.
Explicó que, desde la detección de un síntoma sospechoso o un resultado anormal en una mastografía, el diagnóstico histopatológico mediante biopsia no debería demorarse más de 60 días. Posteriormente, una vez confirmado el diagnóstico, el inicio del tratamiento no debería superar los tres meses.
Sin embargo, uno de los factores más importantes es que la paciente llegue a una etapa clínica temprana, es decir, etapas uno o dos, cuando el tumor permanece localizado en la mama o, como máximo, presenta afectación de algún ganglio axilar.
Cuando la enfermedad se extiende más allá de estas zonas, el tratamiento y la posibilidad de curación se vuelven más complejos e indicó que existen tres estrategias fundamentales para favorecer la detección oportuna: la autoexploración, el examen clínico y la mastografía.
La autoexploración se recomienda desde los 20 añosy puede realizarse una vez al mes. El examen clínico, realizado por personal capacitado, debe efectuarse a partir de los 25 años de manera anual. En el caso de la mastografía de tamizaje, la especialista señaló que en México se recomienda para mujeres de 40 a 69 años cada dos años, aun cuando no presenten síntomas.
La investigadora hizo énfasis en la importancia de que las mujeres no solamente acudan a realizarse una mastografía, sino que también soliciten y conserven el resultado. Esto permite que, en estudios posteriores, los médicos puedan comparar las imágenes anteriores con las actuales y detectar con mayor facilidad cualquier cambio.





